jueves, 11 de febrero de 2016

POESÍA DE PEPITA CALLES CRESPO




Pepita Calles Crespo nació el 27 de noviembre de 1945, en un pueblo de Salamanca llamado Guadramiro.

Fue la tercera de nueve hermanos y, según opina ella, "la hija de la decepción".  Pues había nacido niña como las hermanas anteriores.

Dos años después nació el deseado hermano que sería "el mimado de la familia", al que le siguieron tres hermanos más que saciarían de sobra los deseos de sus padres; después vendrían otras dos niñas  por lo que el recuerdo de aquellos años para Pepita son: su  madre con un hermanito en brazos y la abuela con otro, mientras que de ella nadie de ocupaba, al menos eso es lo que pensaba ella  y, con


Guadramiro


la creencia de sentirse poco querida y acariciada pasaban los años. 


Pero todo cambió para ella cuando a sus diez años, problemas de salud de la madre, le obligaron a  hacerse cargo de la hermanita pequeña a la que cambiaba, daba de comer y cantaba nanas que ella misma se inventaba. 

Y mira por donde la enfermedad de su madre le permitió tener un papel y sentirse importante. Su hermanita era la muñeca que no había tenido y los cuidados que le prodigaba, eran al tiempo, una ocupación y un juego. Aquella situación y la compañía y juegos con los hijos de los vecinos de al lado le trajeron unos años  felices, al contrario de  lo que apuntaba el nacimiento de su primer hermano varón.   

Acudió a la escuela hasta los trece años y un año más para ayudar a la maestra en la enseñanza de los más pequeños.

Después trabajaría cuidando el ganado, soportando con dificultad el frío del  invierno de Castilla y el fuerte calor del verano.

Sus padres, aconsejados por la maestra y el cura, decidieron  que hiciera estudios superiores, pero el suspenso de su hermana mayor en la reválida de cuarto y el disgusto de toda la familia le produjo tal ataque de pánico  que le hizo renunciar al examen de ingreso que ya tenía preparado y con ello la posibilidad de mejorar.

Sus padres propusieron otras cosas para ella, pero  ninguna le parecía bien hasta que, a punto de cumplir los 18 años, decidió marchar a Barcelona con la oposición de sus padres que lo que  querían era que estudiara, aunque dieron su aprobación.

Lo que encontró en Barcelona le gustó tanto que la atraparía para todo la vida. Y, aunque no le parece importante relatar en cuanto trabajó, pero nos dice que fue en trabajos manuales por  su poca preparación, pero en el tiempo libre escribía poesía que después las regalaba o rompía.

A los 25 años contrajo matrimonio del que nacieron tres hijos y también siguió trabajando, lo cual hacía imposible poder escribir, aunque lo hacía a escondidas y después los rompía o guardaba para que nadie lo viera.

En un momento determinado rompió todos los escritos que tenía guardados, como queriendo demostrarse que estaba atrapada en una vida y circunstancias que no eran lo que hubiera deseado y que le producía bastante ansiedad.

Una vez que los hijos se hiciera mayores, comenzó a relajarse y sentir el deseo de escribir, aunque era tarde para estudiar a sus 40 años.

De todos modos siguió estudiando a escondidas de su marido y las iva guardando porque no había la confianza suficiente para tratarlo con él.

Pero la decisión estaba tomada: seguiría escribiendo y para ello comenzó clases de literatura que se tuvieron que dejar al marchar a las Islas Canarias por un tiempo.

De vuelta a Barcelona le hablaron de una tertulia de poesía y la invitaron a asistir  a las reuniones  de la misma que se celebraban cada miércoles. Se trataba de la "Tertulia Constancia", donde pudo desarrollar su afición a la poseía, por lo que se siente agradecida. 
Sus palabras son que ha aprendido mucho escuchando a los compañeros. Y que es un grupo muy acogedor donde se escucha y respeta. Allí se siente querida y arropada por los demás compañeros y que, por todo ello, es también un centro de terapia.

Ha publicado tres libros de poesía:


"PRISIONEROS EN LIBERTAD"

"ECOS DE MIS PENSAMIENTOS"
Y
"ANDANDO POR EL CAMINO"



Pepita Calles Crespo firmando libros en la presentación de uno de sus libros.


A continuación se muestran algunas de los poesías de Pepita Calles Crespo:

CUANDO EL DINERO NUBLA LA RAZÓN

¿Cuándo el hombre aprenderá que es un mortal
y que nada de esta vida ha de llevarse?
cuando acabe su existencia partirá 
desprovisto de riqueza y equipaje.
Pues un día llegará su última hora
y ni toda su fortuna lo podrá impedir,
y como el más pobre y mísero vagabundo 
con las manos vacías se tendrá que ir.
Y aún así algunos hombres solo viven
dominados por las ansias del dinero,
y en su afán de poseer no solo toman
el que es suyo, sino a veces el ajeno.
Y así ocurre que la prensa cada poco
nos despierta con noticias de "ladrones"
que se ponen de robar hasta las trancas
sin temblarles la mano en sus acciones.
El que adore solamente al vil metal
a la larga es su esclavo y prisionero,
pues entregado a su culto solo vive
dedicado en cuerpo y alma por entero.
Me pregunto de que sirve esa fortuna
si la esconden para impuestos no pagar
y en paraísos fiscales ellos la ocultan
sin que nadie la pueda disfrutar.
El dinero amontonado y escondido
solo sirve para hacer rico al banquero,
sin embargo cuando es bien utilizado
se convierte en poderoso caballero.
El dinero a algunos hombres enloquece
pues la avaricia les nubla la razón, 
y cometen tropelías y desmanes
porque no les pone freno su ambición.
Mas, aunque no se lo crean llegará
el momento de dejar un día la vida,
y aunque intenten con la muerte negociar
ella ha de ganarle la última partida.
Que el avaro y ambicioso tenga en cuenta
que el dinero no lo libra de morir,
y a la hora de marcharse de este mundo
hecho un guiñapo y sin nada se ha de ir.
Pepita Calles Crespo




¡PERDÓNEME PADRE CURA!


¡Perdóneme padre cura! 
hoy confieso que he pecado,
como nunca me ha hecho falta
jamás me he confesado.

Pero en una mala hora 
caí en la tentación
y arrepentido aquí vengo
a pedir la absolución.

Para abreviar le diré 
que soy un hombre casado
y en el lote entró mi suegra
que es más mala que un pecado.

para rizar más el rizo
mi suegra con ella trajo
un perro feo y lanudo
un gatito y un canario.

Dígame usted "señor cura"
si hay hombre que eso aguante;
pues mi mujer solo ve
por los ojos de su madre.

No voy a entrar en detalles 
de mi vida de casado,
solo le digo que yo
de aguantar ya me he cansado.

Y, pensando y maquinando
una salida encontré,
y a mi suegra  -en la comida-
unos polvitos le eché.

Si un delito cometí
bien caro ya lo he pagado,
pues mi suegra, por desgracia
o por suerte, no ha palmado.

Pues los polvos "salvadores"
su misión no  la cumplieron,
tan solo una diarrea
fue el efecto que le hicieron.

El "wc" no bastaba
para aliviar su tormento,
y por la casa iba echando
lo que iba expulsando el cuerpo.

Encallecidas las manos
las tengo de la fregona,
mi mujer me hizo limpiarlo
por ser yo mala persona.

¡En qué mala hora busqué
remedio a mi desventura!,
pues de lo que echó mi suegra
¡Por Dios!, no vean que hartura.


Escuchándote, hijo mío
no te mando penitencia,
pecado no has cometido,
solo ha sido una imprudencia.

Y si es que tienes... "coraje"
ponle a tu vida remedio,
evita más tentaciones
y pon tierra de por medio.
Pepita Calles Crespo








EL SANTO "CASAMENTERO"

Dicen que "San Valentín"
fue un santo casamentero
que a las parejas unía
cuando había amor verdadero.



Sin duda debió ser 
hombre de gran importancia
para que hasta nuestros días
se le de tal relevancia.

Poco podía imaginar
ese obispo bienhechor
que para siempre él sería
el patrono del amor.


No se sabe a ciencia cierta
si tan importante fue,
lo cierto es que hasta hoy en día
el amor va unido a él.


Así pues "San Valentín"
para el que está enamorado
éste es un día importante
que celebra ilusionado.


Mas como de todo hay
en la viña del Señor,
no todos hoy lo celebran 
de acuerdo a la tradición.

Pues esos que por desgracia 
en el amor fracasaron
ellos, sin duda este día,
de su agenda lo borraron.


Y es que a esos poco le importa
lo que dice el santoral,
siendo igual San Valentín,
que San Roque, o San Pascual.


Otros dicen convencidos
que es un negocio este día,
y pasan de celebrarlo
pues es una tontería.

Que aquel que está enamorado
no precisa demostrarlo,
porque es galante y atento
todos los días del año.

No como esos -que los hay-
que lo suyo es deslumbrar
y aunque sea un amor fingido 
hoy se quieren destacar.


Esos son de los que dicen
"hoy te quiero más que ayer"
luego mañana se olvidan
y hacen su parecer.


Tanto unos como otros
todos tienen sus razones,
y cada cual es muy libre
de expresar sus opiniones.


Quien San Valentín celebre
que el buen Santo se lo pague,
y la llama del amor
él haga que no se apague.
Pepita Calles Crespo






EL ÚLTIMO TRAGO

Siendo persona normal 
que gozaba de vivir
jamás llegó a imaginar
que iba a terminar así.

Tuvo salud y dinero;
juventud y un gran amor,
dos hijos como dos soles
que eran regalo de Dios.

A sus pies tenía el mundo
o eso ella lo creyó, 
hasta que un día, la suerte
la espalda se la volvió.

La abandonó su marido
y a sus hijos, aún pequeños,
para vivir -según él-
nueva vida y nuevos sueños.

Cayó en la depresión;
se refugió en la bebida,
la que le hacía olvidar
pero que arruinó su vida.

Sin trabajo ni dinero
en la calle ella   un día se vio,
y así, en esas circunstancias
a sus hijos los perdió.

De las garas del alcohol
ha vivido prisionera,
y la vida la ha pasado
en continua borrachera.

Con la dignidad perdida
y hecha una desgraciada,
 cuando quiso darse cuenta
su vida no valía nada.


A sus ojos no le quedan
ya ni lágrimas que echar,
y su cuerpo, ya vencido 
solo quiere descansar.

El coraje  que no tuvo
para enfrentarse al destino
lo tiene hoy para ver
el final de su camino.

Y aunque la embriaguez trastorna
y nubla ojos y mente,
 aún le queda lucidez
para pensar friamente.

Esta noche es " noche vieja";
con ella, el año termina,
y lo mismo que él se va
 pasará ella a mejor vida.

Este banco de madera
la noche, el frío y la escarcha,
haciendo bien su trabajo
le ayudarán en su marcha.

Cuando el reloj de las doce
anunciando el nuevo año,
ella le dirá ¡adiós!,  al mundo
bebiendo el último trago.
Pepita Calles Crespo 





ANTES DE PARTIR

No quiero partir aún
de este mundo al más allá
sin antes haber podido 
mis deseos realizar.
Pues después de haber andado
gran parte de mi camino
haya dado de mí todo
y esté mi deber cumplido...
me doy cuenta que hasta ahora
tan solo he sobrevivido.

Porque, lo que es de vivir 
haciendo mi voluntad eso no lo he conocido,
viví para los demás.
He vivido dando todo 
a cambio de casi nada,
lo primero eran los míos
y con eso me bastaba.
Al mundo yo lo ignoré
y el, de mi, no sabía nada.

Pero al correr de los años
la casa quedó vacía,
los hijos habían marchado 
y libre yo me sentía.
Ahora el tiempo es todo mío
¡no me lo puedo creer!
y a vivir mi nueva vida
ahora tengo que aprender,
e intentar hacer aquello
que quise y no pude hacer.

¡Cuan caros suelen pagarse
los errores cometidos!
yo he pagado por los míos
y bien que me he arrepentido.
Cuánto sudor y fatiga
cada día he soportado,
todo por coger un día
el camino equivocado
y a mis sueños y proyectos
haberles dado de lado.

El pasado ya es pasado
y no hay que darle más vueltas,
pues si perdí muchas cosas
hallé otras que fueron buenas.
Del ayer guardo el recuerdo
de lo que fue positivo,
echando al olvido aquello
que resultó negativo
y hoy solo miro adelante
con el paso decidido.


Tengo en mi mente, guardadas
cosas que quise sacar,
darle rienda suelta y ver
a donde puedo llegar.
Tengo tanto por decir
por hacer y por lograr,
que no se si tendré tiempo
de poderlo realizar
y antes de partir quisiera
constancia de mí dejar.
Pepita Calles Crespo 









EL DELANTAR DE LA ABUELA

Merecedora es de elogio
esta prenda singular,
pues no hay otra -que en su uso-
a ella le pueda igualar.

Yo conservo en mi memoria
tan claro como el cristal,
el recuerdo de mi abuela
siempre con su delantal.

Sus manos se las secaba 
si mojadas las tenía,
y la cara se aventaba
cuando más calor hacía.

Si las lágrimas brotaban
con él se las enjugaba,
si polvo en el mueble había
con el delantal lo limpiaba.

Si le pingaba el moquillo
-el sufrido delantal-
sustituía el moquero
con un arte sin igual.

Si limpiaba la lechuga
de "balde" el mandil servía,
y a echársela a las gallinas
al corral se dirigía.

Aprovechando el viaje
los nidales visitaba,
y los huevos que cogía
al delantal los echaba.

Si salía a coger leña
su habilidad era tal,
que el brazado que cogía
lo liaba al delantal.

Y no digamos si oía
mercancías pregonar,
a la calle ella salía 
para el producto comprar.

Jamás usaba capazo 
porque falta no le hacía,
que, doblaba el delantal
y allí todo lo metía.

La lista es interminable 
del uso que de el hacía,
siendo tan imprescindible 
que ella misma se decía.

Que mujer sin delantal 
ni en casa ni en la cocina,
y aquella que no lo usaba 
se la llamaba "cochina".

Y como mi abuela era
como los chorros del oro,
lucía su delantal 
con dignidad y decoro.

Siendo esta una prenda humilde
hay que darle su valor,
y mi abuela se lo daba
llevándolo con honor.

Por el sin manchas llevaba
la ropa que se ponía,
pues el noble delantal
eficaz la protegía.

Al recordar con nostalgia
aquella imagen querida,
aunque lejana en el tiempo
en mi mente aún está viva.

Y haciéndole un homenaje
me he estrujado la cabeza,
para expresar mi sentir
(con más o menos destreza).

Y con palabras en verso
-aunque tengo poca escuela-,
hoy he querido elogiar
el delantal de la abuela.
Pepita Calles Crespo


AQUEL CÁNTARO DE BARRO

Con aquel cantarillo de barro
a por agua yo iba a la fuente,
pues "antaño" en las casas  no había,
como ahora, agua corriente.

Qué frescura aquel agua tenía,
cuando en verano, el sol apretaba,
un buen trago de aquella agua fresca...
y al momento la sed nos calmaba.






A la fuente acudíamos todos
a llenar nuestro cántaro de agua,
aunque a veces alguno rompimos
por la gresca que allí se formaba.

Como el agua, los chismes corrían:
allí todo se daba a saber,
mientras se iban llenando los cántaros
se contaba cada acontecer.

Los primeros amores nacían
al arrullo y cantar de la fuente,
siendo aquel cantarillo de barro
el testigo callado y paciente.

¡Ay! si hablara de aquellos secretos
que bajito decían las comadres,
mientras se iban llenando los cántaros
-a la lengua- ellas dale que dale.

Hoy recuerdo con mucha nostalgia 
aquel tiempo de risas y juegos,
donde fue el cantarillo de barro
servicial y eficaz compañero.


Puntual yo con el cada día
a la fuente solía llegar,
mientras el se llenaba de agua
yo ponía en mi pecho un cantar.

Cuando hoy veo del grifo salir
el caudal, sin esfuerzo caer,
a la mente me viene el recuerdo
de aquel tiempo que no ha de volver.


Aquel cántaro ya hoy en desuso
que tan bien su papel cumplió,
es un grato recuerdo que guardo
en el fondo de mi corazón.

Fue el testigo de mi despertar
a la vida en mi adolescencia,
y es por eso que aquel cantarillo
yo le guardo cariño y querencia.


Cuando veo que en las casas rurales
aún conservan alguno en su estancia,
se me alegra la vida al mirarlo
y me embriaga una dulce nostalgia.


Como todo en el tiempo se pierde
-a pesar del servicio prestado-
de ser pieza de uso imprescindible
pasó a ser sin remedio olvidado.


Triste fin el de aquel cantarillo
que tan útil fue y eficiente,
cuando el agua del grifo salió
se firmó su sentencia de muerte.
Pepita Calles Crespo 

¡ABRÁZAME FUERTE!

abrázame fuerte cuando veas
que mi rostro refleja tristeza,
que mis ojos perdieron el brillo
y en mí ves, más de una rareza.

Si percibes que no soy la misma,
si me encuentras distinta y cambiada,
si me ves la mirada perdida
y me paso las horas callada.

Abrázame fuerte cuando veas
que sin motivo me pongo a llorar,
si   me vuelvo sensible por todo
y ni siquiera salgo a caminar.

Respétame entonces "amor mío"
y comprende que esa no soy yo,
y que entonces espero de ti
tu paciencia y total comprensión.




Abrázame fuerte si un día ves
que la vida me daña y me hiere,
no habrá nada si estoy en tus brazos
que, aunque duro, yo no lo supere.



Pues no siempre se está al cien por cien,
y en la vida se tienen bajones,
sin saber por qué te derrumbas
aunque a veces no encuentres razones.

Abrázame fuerte "amor mío"
si me  ves pensativa y ausente,
es que dentro de mí hay un algo
y ese algo me puede y me vence.


Cuando busque refugio yo en ti
con tus brazos abrázame fuerte,
si por ellos me siento abrazada
ni siquiera temo a la muerte.
Pepita Calles Crespo









DICES QUE YA NO SONRÍO


Dices que ya no sonrío
y dices bien la verdad.
No oirás pájaro cantar
si está aterido de frío,
tan solo emite un quejío
a, purito de temblar.



A veces no es en el cuerpo
donde el frío se te mete.
Cuando hasta el alma penetra
llega a todos los rincones,
y a veces entra a empujones
sin detenerse en la puerta.


¡ Y dices que no me río!
Me lo impide una razón.
Bien quisiera ser jilguero
y vivir siempre cantando
hasta dormida y soñando,
no creas que eso no quiero.


¡Pero, qué puedo hacer yo
con la cruda realidad!
La rosa no sobrevive
si la cortan del rosal,
ni el amor más filial
a ningún muerto revive.



Si a mí me falta la esencia
que produce la sonrisa,
no pretendas que sonría
pues aunque yo bien lo intento
me falta ese complemento
que necesario sería.


Cuando sienta que en mi pecho
hay una llama encendida,
entonces percibirás
en mi transformación,
me latirá el corazón

tan fuerte que tú lo oirás.
Las campanas no repican
si no hay fiesta que anunciar.
Por eso en mi corazón
si no anida la alegría
no pretendas que sonría
me hace falta una razón.
Pepita Calles Crespo








SIN RETORNO

(Cuando se marchite el clavel de mis labios
no intentes buscar en ellos esplendor,
ninguna primavera ha sido eterna
con ella se lleva hasta la última flor).

Todo tiene su ciclo de vida
y en la mía tu habrás de notar,
como el tiempo hizo mella en mi cuerpo
y como flor se marchita sin más.

Y aunque el sol es dador de vida
ya no pueden sus rayos volver,
a dotar de color y de brillo
a esa rosa que hermosa fue ayer. 

Sus colores no alegran la vista; 
su perfume no lleva ya el viento,
donde ayer hubo luz y alegría
ahora es sombra, tristeza y lamento.


¡Ay, fantasmas de  noche desnuda!
cómo estáis pululando al acecho,
se hace leña del árbol caído
y una astilla se clava en mi pecho. 




Cada hebra que brilla en mi sien
es la huella del tiempo vivido,
lo que hiciere o dejase de hacer
es pasado, tinieblas y olvido.

No pretendo ser niña otra vez
ni que escuche nadie mi lamento,
que es buscar compasión en la nada
y la nada no tiene aposento.

Si el otoño a mi vida ha llegado
lo recibo como un buen amigo,
pues he visto al mirar su equipaje
que ha venido a quedarse conmigo.

Cuando veas mi rostro marchito
no pretendas en él  encontrar
lo que ya se marchó sin retorno,
pues la vida no da marcha atrás.
Pepita Calles Crespo





LA HUMILDE SOPA DE AJO


Después de acabar la guerra
cuando en ruinas todo estaba
y el hambre insistentemente
a cada puerta llamaba...

Fueron las sopas de ajo
un plato fundamental,
que a la mesa que llegaban
venían el hambre a quitar.


Aquel plato tan sencillo
de pan ajo y pimentón,
aliviaba los estómagos
y al cuerpo daban calor.


Ni una miga se traba
pues el pan andaba escaso,
y era un lujo y una suerte
comer sopas de pan blanco.

Ese era mi desayuno
antes de ir a la  escuela,
lo mismo que el de mis padres
mis hermanos y la abuela.

En cazuela de barro
mi madre nos las servía, 
siendo para mi un suplicio
cada vez que las comía.

Los ricos, café con leche
solían desayunar,
los pobres sopas de ajo...
y a comer sin rechistar.

Mas, como todo en la vida
ha ido evolucionando,
aquellas humildes sopas
calidad fueron ganando.

Añadiéndole ingredientes
han mejorado un montón,
Adquiriendo un gran nivel
con el huevo y el jamón.

Y es así que aquellas sopas
hoy tienen gran importancia,
y en buena mesa y mantel
se sirven con elegancia.

De ser un plato sencillo
que no era nada importante...
por méritos propios hoy
son menú de restaurante.

En la vida poco importa
el tener humilde cuna,
si se tienen cualidades
se tiene una gran fortuna.


Y es por eso que las sopas
hoy le ha sido adjudicado,
ese reconocimiento
que a pulso se lo ha ganado.

Si ayer quitaron el hambre
cuando no había que comer,
tanto el rico como el pobre
hoy las comen por placer.
Pepita Calles Crespo  

jueves, 4 de febrero de 2016

POESÍA DE TOMÁS ÁNGEL PIÑATARO






Tomás Ángel Piñataro, nació en Navas de La Asunción, un pueblo  de Segovia, el 1.943  del seno de una familia  de la época. Su padre se desplazaba de pueblo en pueblo con un carro tirado por una yegua para hacer  de hojalatero.    Conforme avanzaban los años y el agua se introducía en las viviendas, reparaba también las averías correspondientes por lo que puede decirse que hacía también de fontanero.

Cuando Tomás Ángel cumplió los ocho años
 tuvo que dejar la escuela para acompañar a su padre y, al tiempo que le ayudaba,  aprender el oficio.

Cuando cumplió los catorce años su padre decidió que le había llegado la hora de trabajar  solo y,  para desplazarse,  le compró una motocicleta Guzzi.


La nueva situación le seguía  impidiendo asistir la escuela, aunque después del trabajo, asistía a la escuela nocturna.

Aquella situación siguió hasta los 18 años en que decidió marcharse a  trabajar a Francia con un contrato por tres meses.

 Al vencimiento del contrato pasó por Barcelona donde enseguida comenzó a trabajar en el oficio de fontanero.

El trabajo marchaba bien pero, aunque se hospedaba en  casa de unos familiares, le faltaba su proia familia y una novia que también estaba en el pueblo.

Por ese motivo y por facilitar la mejora de vida de sus padres y hermanos, con los ahorros que había conseguido, alquiló una vivienda a la que se incorporaron ellos.

A los 20 años regresó al pueblo para incorporarse al Servicio Militar Obligatorio que lo realizó en Valladolid.

Cuando cumplido el servicio a la Patria,  volvió a Barcelona y se reincorporó al trabajo.

En la gran Ciudad tenía   su familia pero le faltaba la novia que seguía en el pueblo, por lo que ella terminó por  venirse también   a Barcelona.

El noviazgo terminó formando una nueva familia, de cuya unión nacieron dos hijos y de ellos dos nietos que les  hacen muy felices.

Su afición por la poesía  le viene de familia, a quienes llamaban los "Patalones", pues su madre escribía siempre que podía, y él también  pero sin intención de publicar.

Uno de los día hablando con Juan Mellado, uno de sus vecinos en Barcelona, se enteró que era presidente de una tertulia de poesía y lo invitó a participar (se trataba de la Tertulia Constancia) y desde las primeras visitas se encontró bien y le aumentaron los deseos de escribir y recitar. Y no solo eso sino que repasó cuantos escritos tenía guardados para volverlos a leer. A partir de aquellos días  siguió  asistiendo a la tertulia hasta conseguir la publicación de un libro de poesía llamado:
"CORAZÓN ABIERTO"

Ahora está preparando material para la publicación un segundo libro.
A continuación copiamos unas poesías, que pueden servir de muestra al lector, para entender a Tomás Ángel Piñataro y  su poesía.


MI IDENTIDAD, MIS ORÍGENES

Nací en los años cuarenta 
en Navas de la Asunción,
un pueblo muy segoviano
de la Castilla Mayor,
que antes decían la vieja  
y ahora le dicen León.

Allí pasé mi niñez
y la mejor juventud,
allí conocí a mi esposa
que es la madre de mis hijos,                       
que nos han dado dos nietos
que es nuestro mayor delirio.


A los diecinueve años
emigré a Cataluña
y en ella me he jubilado
después de larga andadura.


En Barcelona, ciudad
he realizado mi vida,
en ella he trabajado,
me he casado y dado vidas,
con dos hijos muy queridos
y dos nietos son mi dicha.

Aquí enterré a mis padres,
mis tíos, y algún amigo,
aquí tengo mis hermanos,
con sus hijos, mis sobrinos
y un buen puñado de primos,
por todo, yo a Cataluña,
la estoy muy agradecido.

Aquí acabaré mis días
rodeado de los míos,
y espero que sea tarde
aunque después de lo dicho,
cuando me llegue la hora 
yo puedo morir tranquilo,
pues la conciencia la tengo           
 lo mismo que el trigo limpio.


CONCLUSIÓN

En Castilla yo nací
y no me quieren allí;
en Cataluña me dicen
soy Catalán de adopción,
y yo a veces me pregunto:
¿de donde leñe soy yo?

Yo no me siento poeta
ni tampoco trovador,
solo me gustan las frases
rimarlas por afición,
que me vine de la saga
del apodo "Patalón".
Tomás Ángel Piñataro




COMUNIDADES AUTÓNOMAS

Nací en Castilla la Vieja
que ahora es Castilla-León
separándonos de Santander y el mar
de Logroño y el porrón,
aunque Zamora y Salamanca
las ganamos con León.
A esa Castilla la Vieja
que ahora es Castilla-León
quiero darle un homenaje
y hacerla sentir mejor,
devolviéndole unas hijas
que las parió con dolor
Porque a Santander y Logroño
como a Burgos, Soria, Segovia,
Ávila, Valladolid y Palencia,
con León, Zamora y Salamanca,
las tengo tanto cariño
que las siento castellanas.

Y es que las comunidades
para los ya, muy mayores
nos cuesta mucho entenderlas
porque nos dan sinsabores,
acarreando las mismas
gran despilfarro y derroche.
Tomás Ángel Piñataro




DEJA QUE HABLE EL CORAZÓN

Cuando habla el corazón
deben de callar los labios,
porque el corazón expresa
bondad hasta en los malvados.

Cuando siente el corazón 
y las palabras maltratan,
se le crea una coraza
que no entra ni sale nada.


Solo un beso con silencio
rompería esa coraza,
y el corazón dolorido
latiría con más ganas.

Y es que una caricia a tiempo,
da mucha más calor que el sol,
pero un beso apasionado
seguro... da más calor.


Cuantas verdades, cuantas mentiras,
contiene un  beso;
cuántos suspiros, cuántos silencios,
cuántos olvidos, cuántos recuerdos,
cuántas sensaciones tenemos
en un solitario y silencioso beso.
Tomás Ángel Piñataro






A MIS HERMANOS

Nuestros padres con esfuerzo
a cuatro hijos criaron,
y por ser el primogénito,
también me he sacrificado.

Con algún que otro problema
nos sacaron adelante,
y yo, como hijo mayor,
el sacrificio más grande.

El año sesenta y cuatro
os traje yo, a Barcelona 
y todos, junto a los padres 
vinimos en buena hora.

Toda mi fortuna, os di,
como buen hijo y hermano,
dinero, trabajo, respeto y amor,
sin pediros nada a cambio.

Transcurrieron varios años,
y salvo alguna dificultad,
vivimos todos unidos
en el hogar familiar.

Nos fuimos emancipando,
para vivir nuestra vida,
nuestro padre murió
y aquí empezó la agonía.

Tengo un hermano en Gerona
y otro tengo en Montmeló,
una hermana en Tarragona
y en Barcelona estoy yo.

Fernando que es el pequeño,
ya tiene cuarenta y seis,
y yo, que soy el mayor,
cumplo los sesenta y seis.

Goza sesenta y un años
Quique, que en pos de mi va;
y mi hermana Mª Elena,
cincuenta y seis tiene ya.

Los cuatro vivimos, todos
relativamente cerca,
pero tardamos en vernos
por circunstancias diversas.

Apenas hace dos años,
nuestra madre falleció
y desde entonces, hermanos,
la agonía fue mayor.

Seguro que nuestros padres,
que tanto nos han querido,
donde estén están llorando
por vernos tan desunidos.

Yo, que soy sentimental,
y que a Barcelona os traje,
me está dando mucha pena,
porque nos falta coraje.

Coraje para el recuerdo,
coraje para el olvido,
coraje para ponernos
cada uno en nuestro sitio.

Con estas rimas hermanos,
quiero deciros que os quiero
y os pido de corazón
que vivamos el recuerdo.

Soy vuestro hermano mayor
y os ruego que respetemos
lo que hicieron nuestros padres
y vuestro hermano en silencio.
Tomás Ángel Piñataro





CANCIONES DE MI NIÑEZ


Yo tendría 10 y 12 años cuando recorríamos estos 25 pueblos, con una caballería y un carro, con mi padre que fue quien me la enseñó, cantándola en las largas caminatas, de pueblo en pueblo, y de posada en posada, ofreciendo nuestros servicios de hojalatería, vidriería y fontanería.

25 PUEBLECILLOS


Siéntate y te cantaremos

25 pueblecillos,
empezando en Pucela
y termina en el Carracillo.
Valladolid galopina,
en Laguna raterillos,
alguaciles en Mojados,
panaderos en Buecillo,
en el Arrabal los ajos
los guisan con tocino,
Santiaguillo los espárragos.
San Miguel los piojos gordos,
San Cristobal y Vallelado,
no tienen que decir nada,
pues para ir a Mejeces 
hay que pasar por la Mata,
en la Mata fanfarrones
que no tienen más que trampas,
en Cogeces el buen vino,
en Mejeces el buen agua, 
en Iscar la buena piña
que en Pedrajas la ronchaban;
vámomos a Villaverde
a beber la tericiana;
en Fuente El Olmo el piñón,
en Navas de Oro la tabla,
en Coca los peguerillos,
los borrachos en la Nava,
en Santiuste los melones,
en Bernuy las calabazas,
en Montejo valentones
los tiradores de barras,
en Don Yerro esta el buen hierro
porque allí se fabricaba,
en Chañe las buenas mozas,
que en el campo las aguardan;
adiós ciudad de Remondo
que de ti no me acordaba,
que en el tiempo de melones
salen las chicas preñadas.
Tomás Ángel Piñataro 






LA FIESTA DE LAPAZ

Ayer desperté soñando
 algo que no olvidaré,
yo vi una estrella saltando
y a otra estrella correr;
las dos estaban contentas,
no eran dos, que eran diez,
eran veinte eran cien...
el cielo entero tal vez.
Estaban todas alegres,
mas no sabía por qué,
y... después de contemplarlas
dando saltos por doquier,
entre tanta algarabía 
a una de ellas pregunté:
¿qué celebráis en el cielo?
¿Por qué saltáis, di por qué?
¿Por qué brilláis más que nunca,
decidme, por qué, por qué?
Y la estrella sonriente
y in dejar de saltar,
respondiendo a mi pregunta,
me dijo sin vacilar:
Celebramos una fiesta,
la Gran Fiesta de la Paz, 
en el mundo ya no hay luchas,
las gentes sonríen ya,
y los hombres no se matan,
ya no hay guerras, si no Paz;
por eso estamos contentas,
por eso brillamos más.
Y... sin dejar de mirarme,
con su cara angelical,
cogiéndome de su mano, 
también empecé a saltar.
Ayer desperté soñando
algo que no olvidaré.
¡¡Qué pena que fuera un sueño,
aquello que yo soñé!!
Tomás Ángel Piñataro







             MIEDOS

                        Camino de Bernardos fui
                         y por el mismo yo vuelvo
al ir monté en bicicleta
pero al volver ya no puedo.

Dos sacos traigo en la bici
de leña, piña y piñotes,
me mandaron a buscarlos
al pinar... Los Pericotes.


De vuelta muy tarde
con la carga vuelvo,
y mientras camino
pienso que te pienso.

Pienso en la merienda 
que mi madre ha puesto,
la achicoria con leche
que me alegró el cuerpo.

Y pienso en los vivos
también en los muertos;
los muertos son muertos,
los vivos dan miedo.

Camino con paso
 pausado y  sereno,
regreso a mi pueblo
la tarde se apaga,
se está oscureciendo.


La luna saliendo 
por entre los cerros,
aligero el paso 
con mucho recelo.

La noche se cierne 
cubriendo mi cuerpo,
las luces diviso
allá, a lo lejos.

El búho que canta
sobre el cementerio,
no temo a los muertos
el paso aligero.

Murciélagos pasan
chillando en su celo,
me asusta la noche
de vampiros negros.

Llego a la capilla 
al pasar, yo rezo,
cerca están las luces
voy llegando al pueblo.


Ya estoy en las vías 
del tren de mi pueblo,
los palos bajados
pero yo me cuelo.

El cemento piso
con mi gran contento,
ya llego a mi casa,
ya no tengo miedo.

Descargo los sacos
en mi último esfuerzo,
estoy muy cansado
me acuesto y me duermo.
Tomás Ángel Piñataro





IMPRESIONES

Hace ya bastantes años
que yo me sentía alguien
ahora que el tiempo ha pasado
resulta que no soy nadie.

Y es que me siento anulado
de todo cuanto acontece,
porque si digo que rojo
siempre me dicen que verde.

Todo el mundo siempre ha ido
a sacarme bien el jugo,
y ahora que me queda poco
ya no me escucha ninguno.

El jugo que a mi me queda

me lo siguen exprimiendo,
y cuando digo que no
soy un egoísta terco.

A veces me siento mal
cuando quiero esto o aquello,
porque siempre me desmontan
mis principios y criterios.


Y es que nunca mejor dicho
que entre hijos y su madre,
como ellos se lo proponga 
hacen la pascua al padre.

A mi eso me está pasando
desde hace varios años,
mis hijos se han hecho grandes
y junto ami esposa... sabios.


Antes todos los problemas
me enteraba yo  el primero
y ahora dicen que me han dicho...
de la mitad, ni me entero.


Que te estás quedando sordo
que te vas haciendo viejo,
es lo que siempre reprochan
cuando yo no estoy de acuerdo.


Y yo pienso, ¡Menos mal!,
que aún no dependo de ellos,
porque el día, que así sea 
entones, no quiero verlo.


Gracias a Dios todavía
les ayudo en lo que puedo,
pero cada vez me cuesta
mucho más tiempo y esfuerzo.

Con este mi parecer
puedo estar equivocado,
cuando la moral está baja
uno piensa demasiado.

Aunque esta es mi impresión
siempre seré un poco primo,
haciendo lo que dispongan
mis nietos, esposa e hijos...
Tomás Ángel Piñataro




DUERME DAMA

Sobre una ancha cama,
tendida, sola y sosegada,
sin conciencia de la vida
duerme mi querida dama.

Tiene un sueño tan profundo 
que ha liberado su alma,
¡duerme!, mientras yo te miro
a la vera de la cama.

Amada de carnes blancas,
desnuda, todo lo embriagas,
con tu presencia perfumas
toda nuestra humilde estancia.

Sigo... mirando tu cuerpo
pensando donde vaga tu alma,
y mis ansias se desbocan
amada de carnes blancas.
Pienso que cuando tú quieras...
juntaremos cuerpo y alma.

¡ Duerme! y al volver a la vida
con el alba en la mañana,
que alguien a mi me pregunte
qué siento con solo mirarla.

¡Duerme!, y cuando despiertes...
seguiré junto a tu cama.
Tomás Ángel Piñataro






EL PUEBLO

En este pueblo señores
(digo verdad y no miento)
hay una hojalatería
dentro del Ayuntamiento.

Y se fabrican faroles 
embudos y tapaderas,
y sobrando materiales
medidas y coladeras.

Para colmo en este pueblo
hay un reloj en la torre,
que da las horas completas
las medias y cuarterones.

Las horas las da pa el pueblo,
las medias pa forasteros,
y los cuartos, ¡hay los cuartos!
todos pa el Ayuntamiento.

Al entrar en este pueblo
lo primero que se ve,
son las ventanas abiertas
y las camas sin hacer.

Porque todos en el pueblo
están siempre muy ocupados,
los hombres a sus tareas,
 las mujeres fabulando.

Y todo el Ayuntamiento
fabricando y amañando,
pero con gentes humildes
aguantando y acatando..

Y en este pueblo que digo
después de pasar el tiempo,
sigue la hojalatería
dentro del Ayuntamiento.
TomásÁngel Piñataro













MIEDO EN LA U.C.I.



Tengo miedo... mucho miedo,

mejor dicho casi pánico

a que mis intentos por respirar

sean estériles y vanos



A dormirme y no despertar,

no quiero cerrar los ojos
y quedar a su merced
con la inconsciencia  a su antojo.
Pienso que ella está aquí
paseando entre las camas,
separadas por tabiques,
esperando a ver que falla.

Ayer la sentí junto a mí, 
vino para amedrentarme,
a que conociera su dominio
pero no venía a llevarme.



No veo a nadie y se que hay más,
por el ruído de otras máquinas
que nos mantienen con vida
como un clamor de campanas.

Yo no sé cuantos seremos
pero justo al lado izquierdo
está el enfermo Domingo
que a ciertas horas lo siento.

Al quien se acerca a su cama 
y le pregunta con celo:
¿Domingo, sientes dolor?,
pero solo oigo lamentos.

Yo no sé lo que contesta
y nunca lo conoceré
pero él se ha convertido
en la cordura de mi ser.

Hace un rato ha regresado,
no sé con quien se ha cebado
pero presiento que viene 
a por su trofeo macabro.

Oigo pasos agitados
y ruídos como ahogados,
una camilla alejarse
y en Domingo yo he pensado

No pudo plantarle cara
desde su lacerante inmovilidad 
quizá regreses a por más, a por mí,
imponiendo su macabra autoridad.

Todo ha quedado en silencio,
vuelvo a estar aterrorizado
pero al momento alguien habla
muy bajito al otro lado.

Concentro toda mi atención
y consigo oír lo que hablan,
un bálsamo para mi cuerpo
 recuperando la calma.

El regreso   la esperanza 
me ha devuelto en mi  clamor 
al escuchar nuevamente:
¿Domingo, sientes dolor?
Tomás Ángel Piñataro